Antes de dormir un cuento

León de biblioteca

Un día apareció un león en la biblioteca.

Pasó frente al mostrador de préstamo y desapareció entre las estanterías.

El señor Mosquera corrió por el pasillo hasta la oficina de la bibliotecaria

-¡Sra. Plácida!, gritó.

-¡Pero hay un león! –exclamó el Sr. Mosquera- ¡en la biblioteca!

-¿Está quebrantando alguna regla?

La Sra. Plácida era muy estricta con el reglamento.

-En realidad, no –dijo el Sr. Mosquera- No exactamente.

-Entonces, déjelo en paz.

Nadie sabía qué hacer. El reglamento no hablaba de leones en la biblioteca.

    

Pronto comenzó la hora del cuento. …. El león alzó la cabeza. La cuentacuentos siguió leyendo.

El león se quedó a escuchar el siguiente cuento. Y el siguiente. Esperó otro, pero los niños comenzaron a irse.

El león miró a los niños. Miró a la cuentacuentos. Miró los libros cerrados. Y lanzó un tremendo rugido.

La Sra. Plácida salió rápido de su oficina.

-¿Quién está haciendo ese ruido? –preguntó.

-Es el león –dijo el Sr. Mosquera.

La Sra. Plácida se dirigió al león:

-Si no puedes guardar silencio, tendrás que irte. Estas son las reglas.

El león dejó de rugir. Miró a la Sra. Plácida. Ella miró al león. Luego dijo:

-Un león calladito y que se porta bien, ciertamente puede volver a la hora del cuento.

-¡Bien -gritaron los niños!

Pronto  el león empezó a ayudar sin que se lo pidieran.

Desempolvaba las enciclopedias. Lamia los sobres. Montaba a los pequeños en su lomo para que pudieran alcanzar los libros en los estantes más altos. Y después se acurrucaba en el rincón de lectura a esperar que comenzara la hora del cuento.

Un día después de haber hecho todo lo anterior, el león llegó a la oficina de la Sra. Plácida a ver qué otra cosa podía hacer,

-Hola, león –dijo la Sra. Plácida. Hay algo que puedes hacer. Tengo un libro aquí que hay que devolver a a sala. Déjame bajarlo.

La Sra. Plácida se subió a un banquito. El libro estaba muy alto, apenas lo podía alcanzar.

La Sra. Plácida se empinó. Alargó los dedos.

-Ya casi … alcanzo …..-dijo.

Y se estiró un poquito más, quizá demasiado.

-¡Ay! – se quejó suavemente la Sra. Plácida. Se cayó y no se levantó.

El león corrió por el pasillo.

-Está prohibido  correr – le recordó la Sra. Plácida.

El león puso sus grandes patas sobre el mostrador de préstamos y miró al Sr. Mosquera.

-Vete león –dijo el Sr. Mosquera-, estoy ocupado.

El león gimió. Apuntó su nariz en dirección al pasillo que llevaba a la oficina de la Sra. Plácida.

El Sr. Mosquera no le prestó atención.

Finalmente el león hizo lo único que se le ocurrió. Miró fijamente al Sr. Mosquera. Luego abrió su bocota y rugió el rugido más fuerte que había rugido en toda su vida.

      

-A veces –dijo la Sra. Plácida desde el suelo, detrás del escritorio-, hay una buena razón para quebrantar las reglas incluso en la biblioteca. Ahora, por favor, llame a un doctor. Creo que me fracturé el brazo.

El Sr. Mosquera salió corriendo a llamara a un doctor.

-¡Está prohibido correr! –le recordó la Sra. Plácida.

Este cuento lo puedes leer compleo y encontrar en la Sala de Infantil,  con la signatura: 

I KNU leo

Título: León de biblioteca

Autora: Michelle Knudsen

Ilustrador: Kevin Hawkes

Editorial: Ekaré

Edad recomendada:  A partir de 6 años.

 

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